Después de un verano intenso y repleto de vivencias nuevas, el 1 de septiembre comencé mi primer año en la Universidad de Navarra. Me asustaba la idea de ir allá ya que, como he dicho antes, es una etapa completamente nueva y desconocida; no conoces a nadie, el ambiente es muy distinto al del colegio, la exigencia es mayor, etc.
Cuando fui a dar los datos personales a la universidad me dijeron que el primer día tenía que ir al edificio de ciencias sociales. Al llegar allí, vi que todo el campus era enorme y con una gran cantidad de edificios. Tuve que preguntar a algunos bedeles dónde se encontraba mi edificio y estos, muy amablemente, me indicaron hacia donde tenía que ir. Me dirigí hacia allí y me detuve ante un edificio que ponía “Fcom”. En un cartel ponía que ese era la facultad de comunicación, y pensé que no era la mía porque yo iba a estudiar ¡magisterio! Estaba completamente desorientada asique decidí preguntar de nuevo a una mujer, con pinta de profesora, que pasaba por allí. Me dijo que no había un edificio específico de ciencias sociales y me preguntó que carrera iba a estudiar. –Magisterio- le dije. Ella, con una sonrisa, me dijo que, tenía que ir a la facultad que tenía justo delante (la de fcom).
Yo estaba en lo cierto. Según me habían indicado, estaba en el lugar correcto. En la puerta de dicha facultad, estaban algunos universitarios aún un poco despistados y desconcertados sobre lo que les iba a deparar. Estaba cada uno un tanto pensativo, encerrado en sí mismo, sin entablar conversación con los demás. Yo decidí hablar con una chica llamada Maite, con el fin de conocerla, ya que al igual que yo, estaba esperando a entrar en la misma facultad y pensé que iba a estudiar algo parecido a lo mío. No iba del todo desencaminada. ¡Iba a estudiar magisterio de educación infantil como yo! Estaba contenta. Ya había encontrado una chica que estudiase lo mismo. Parecía maja y simpática, por lo que seguimos hablando y entramos juntas a clase. Nos contamos un montón de cosas y en seguida empezamos a conocer a otras chicas de clase.
Ese mismo día, la profesora de antropología y coordinadora de educación Aurora Bernal, dividió la clase en distintos grupos de 5 personas para hacer un trabajo. Estaba muy contenta con el grupo que me había tocado. Éramos todas chicas, nos entendíamos bien y congeniamos perfectamente. Gracias a ese trabajo, nos conocimos un poco mejor y actualmente 4 chicas de ese grupo (Noelia, Bianca, Pilar y Bea) y junto a tres chicas más (Olaia, Maite y María) hemos formado un grupo de amigas que espero que dure muchos años más. (...)
Muy bien, adelante. ¡Queda poco!
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