Los días siguientes a este, todo fue sobre ruedas; ya me había instalado y ya me había hecho a la universidad. Nos fueron presentando las asignaturas, los profesores que impartían cada una y también cómo iban a ser las evaluaciones (trabajos, contenidos, puntos de clase,…). Al estar dividido el curso en dos semestres, íbamos a tener diferentes asignaturas y profesores en cada semestre. El primer semestre iba de septiembre a diciembre y el segundo de enero a mayo. Tenía una buena visión sobre lo que estaba viviendo hasta el momento. Todo lo que veía me gustaba. Creía que había hecho una buena elección escogiendo magisterio.
Nuestra clase era gigante y con un montón de asientos para todos los que íbamos a hacer la misma carrera. En la clase estábamos mezclados los de magisterio infantil, primaria y pedagogía, ya que este al ser el primer año, tenemos casi todas las asignaturas comunes. Tendremos que esperar hasta el año que viene a que nos separen según los grados.
Yo estaba muy a gusto en clase, siempre solíamos estar las mismas chicas juntas y estábamos empezando a “hacer buenas migas”. Nos solíamos sentar en la segunda fila; ya teníamos casi todos los sitios “guardados” porque sabíamos dónde se sentaba cada uno y procurábamos respetar los sitios. Éramos “las chicas de la segunda fila”.
Enseguida tuvimos que empezar a hacer trabajos y algún examen. Veía que en la universidad hay mucha exigencia y que hay que ir haciendo los trabajos y las tareas al día y entregarlas en el plazo que se piden para intentar conseguir la máxima puntuación en los puntos de clase, ya que suponen un 40% de la nota final. Teniendo los puntos de clase bien, y habiendo aprobado el examen (60%), el resultado final será mejor. Yo he sido siempre una chica muy aplicada y los trabajos y las tareas de clase los hacía para el día que me las mandaban, así que en la universidad esto no me supuso ningún problema.
El final del primer semestre llegaba a su fin y esto significaba la hora de hacer los exámenes finales. Los realizamos a lo largo de tres semanas de diciembre y una vez finalizados tuvimos las vacaciones de navidad. Las notas nos las pusieron en nuestra cuenta de la universidad el primer día de iniciar las vacaciones. Yo estaba intrigada por saber los resultados de los exámenes. Tras haber entrado en mi cuenta y haber visto las calificaciones, mis ojos se abrieron como platos. No podía creer lo que estaba viendo… ¡había aprobado todas!
No hay comentarios:
Publicar un comentario