Dado mi afán por ayudar a los demás, decidí apuntarme junto a mis amigas de la universidad a un voluntariado que se realiza en el Colegio de Educación Especial Andrés Muñoz Garde dedicado a atender a niños que están afectados por alguna discapacidad.
La idea de apuntarnos a este voluntariado surgió a raíz de que en clase el profesor Fernando nos comentó que había un voluntariado para todo aquel al que le interesara participar ayudando a este tipo de niños. Dicha proposición nos pareció interesante y decidimos informarnos. Acudimos a la asociación de UAS (Universitarios por la Ayuda Social) de la universidad para que nos informaran sobre este voluntariado y las condiciones que se requerían. Nos dijeron que había solo 8 plazas y que una de ellas ya estaba ocupada, así que decidimos apuntarnos Maite, María, Olaia, Pilar, Noelia, Bea y yo. Eran justo las plazas que necesitábamos. ¡Qué suerte hemos tenido!- pensamos. Nos dijeron que teníamos que ir por parejas en diferentes días: unas los lunes, martes, miércoles y los viernes (los jueves estaban ocupados) y que teníamos que ir desde las 14.15 hasta las 15.30 h que correspondía cuando los niños terminaban de comer y estaban en el tiempo libre. Yo me puse de pareja con Olaia y elegimos como día para acudir al centro el viernes, puesto que al ser el último día de la semana, no tenemos que pensar en si tenemos que hacer algo de tarea para universidad y, de esta forma, estamos más relajadas.
Ayer día 16 de marzo, fue la segunda vez que fuimos de voluntarias al colegio. El primer día que fuimos, estábamos nerviosas y expectantes por la función que nos tocaría hacer en el centro. Cuando llegamos allí, nos recibió la coordinadora del colegio y muy amablemente nos lo fue enseñando: las clases, el patio, los baños y, finalmente, el comedor que era donde estaban todos los niños. Algunos nos saludaban muy alegres y nos pedían que nos acercásemos a hablar con ellos. Otros, en cambio, eran un poco más tímidos y teníamos que acercarnos nosotras a ellos.
La segunda vez que estuvimos fue mejor que la primera porque ya conocíamos como era el colegio y también los niños: nos sabíamos sus nombres, cómo actuaban, qué cosas les gustaban hacer,… La coordinadora esta muy contenta con nosotras y nos preguntó si para el año que viene y los años restantes de la carrera nos gustaría seguir con este voluntariado. Nosotras encantadas- le respondimos con una sonrisa en el rostro. La profesora nos contestó con una sonrisa. También nos dijo que nos iban a hacer un “librito” con los nombres y los problemas de cada niño del centro. Esta idea nos fascinó, ya que hay niños que no sabemos exactamente lo que tienen y lo que les pasa y muchas veces no sabemos como actuar con ellos.
Esta experiencia me está sirviendo mucho para ver cómo también los niños discapacitados pueden aprender igual que el resto, aunque haya que prestarles una mayor atención para que consigan adaptarse a todas las situaciones. Me sorprende mucho la alegría que transmite cada uno de ellos y la sonrisa que recibes cada vez que les dices algo. Este voluntariado me está sirviendo también para madurar y para crecer mucho como persona.
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