lunes, 19 de marzo de 2012

¿Por qué hacer un blog?

Esta última entrada, me gustaría destinarla para contar cómo ha sido esta experiencia del blog y qué sensaciones me ha ido causando.
En clase, teníamos la posibilidad de elegir entre hacer una wiki grupal o un blog en el que había que hacer una reflexión acerca de la educación que has recibido. Esta idea de hacer un blog me llamó la atención, ya que es una cosa que nunca había hecho anteriormente y me gustaba la idea de hacer uno.
Al iniciar el blog, no tenía mucha idea de cómo desarrollarlo o qué contar en él. Sin embargo, se me ocurrió que las primeras entradas las podría hacer sobre mi colegio y qué valores fueron los que me intentaron inculcar, tanto en el colegio como en casa. Después de haber contado esto, decidí empezar a relatar cómo ha sido mi educación desde la infancia hasta ahora. He ido dividiendo las entradas en cada una de las etapas que conforman los distintos ciclos escolares: infantil, primaria, la ESO y el Bachiller, así como la formación después del colegio: la universidad.
Al ir redactando cada una de las entradas, tienes que ir pensando y recordando sobre todas aquellas “aventuras” que has ido viviendo a lo largo de tu vida. Esta no es una tarea sencilla puesto que hay que saber plasmar en papel lo que tienes en mente y saber contarlo de manera que los demás lo entiendan.
Cuando iba recordando todos aquellos acontecimientos que he ido viviendo desde que era pequeña, me he dado cuenta de lo rápido que ha pasado el tiempo y de todas las cosas tan maravillosas que he vivido en compañía de mi familia, mi tesoro más preciado. De esta forma, aprendes a valorar todo lo que han dado por ti y todo lo que te quieren y aprecian.  

sábado, 17 de marzo de 2012

Voluntariado

Dado mi afán por ayudar a los demás, decidí apuntarme junto a mis amigas de la universidad a un voluntariado que se realiza en el Colegio de Educación Especial Andrés Muñoz Garde dedicado a  atender a niños que están afectados por alguna discapacidad. 
La idea de apuntarnos a este voluntariado surgió a raíz de que en clase el profesor Fernando nos comentó que había un voluntariado para todo aquel al que le interesara participar ayudando a este tipo de niños. Dicha proposición nos pareció interesante y decidimos informarnos. Acudimos a la asociación de UAS (Universitarios por la Ayuda Social) de la universidad para que nos informaran sobre este voluntariado y las condiciones que se requerían. Nos dijeron que había solo 8 plazas y que una de ellas ya estaba ocupada, así que decidimos apuntarnos Maite, María, Olaia, Pilar, Noelia, Bea y yo. Eran justo las plazas que necesitábamos. ¡Qué suerte hemos tenido!- pensamos. Nos dijeron que teníamos que ir por parejas en diferentes días: unas los lunes, martes, miércoles y los viernes (los jueves estaban ocupados) y que teníamos que ir desde las 14.15 hasta las 15.30 h que correspondía cuando los niños terminaban de comer y estaban en el tiempo libre. Yo me puse de pareja con Olaia y elegimos como día para acudir al centro el viernes, puesto que al ser el último día de la semana, no tenemos que pensar en si tenemos que hacer algo de tarea para universidad  y, de esta forma, estamos más relajadas.
Ayer día 16 de marzo, fue la segunda vez que fuimos de voluntarias al colegio. El primer día que fuimos, estábamos nerviosas y expectantes por la  función que nos tocaría hacer en el centro. Cuando llegamos allí, nos recibió la coordinadora del colegio y muy amablemente nos lo fue enseñando: las clases, el patio, los baños y, finalmente, el comedor que era donde estaban todos los niños. Algunos nos saludaban muy alegres y nos pedían que nos acercásemos a hablar con ellos. Otros, en cambio, eran un poco más tímidos y teníamos que acercarnos nosotras a ellos. 
La segunda vez que estuvimos fue mejor que la primera porque ya conocíamos como era el colegio y también los niños: nos sabíamos sus nombres, cómo actuaban, qué cosas les gustaban hacer,… La coordinadora esta muy contenta con nosotras y nos preguntó si para el año que viene y los años restantes de la carrera nos gustaría seguir con este voluntariado. Nosotras encantadas- le respondimos con una sonrisa en el rostro. La profesora nos contestó con una sonrisa. También nos dijo que nos iban a hacer un “librito” con los nombres y los problemas de cada niño del centro. Esta idea nos fascinó, ya que hay niños que no sabemos exactamente lo que tienen y lo que les pasa y muchas veces no sabemos como actuar con ellos.
Esta experiencia me está sirviendo mucho para ver cómo también los niños discapacitados pueden aprender igual que el resto, aunque haya que prestarles una mayor atención para que consigan adaptarse a todas las situaciones. Me sorprende mucho la alegría que transmite cada uno de ellos y la sonrisa que recibes cada vez que les dices algo. Este voluntariado me está sirviendo también para madurar y para crecer mucho como persona.    
Después de las vacaciones de navidad, en enero comencé el segundo semestre.  Era un semestre completamente nuevo, con asignaturas nuevas y distintos profesores. En este semestre nos cambiaron de edificio; pasamos del de fcom al Edificio Central. En este edificio las clases son más pequeñas puesto que es el más antiguo de todos y el primero que se hizo.
Este semestre es el que estoy haciendo actualmente y, a mi parecer, es más complicado que el anterior. La “cosa” se va complicando no solo de un curso al siguiente, sino de un semestre a otro. Aquí se puede apreciar la importancia de saber adaptarse rápidamente a los cambios que van surgiendo en la vida. Es muy importante hacer un esfuerzo por integrarse en los nuevos ambientes y estar contento con lo que a uno se le va poniendo por delante.
Ya estamos a mediados de marzo. Ha pasado más de la mitad de este segundo semestre y no queda nada para finalizar el primer año de carrera. Queda más o menos mes y medio para hacer los exámenes de mayo, pero entre las vacaciones de semana santa quedará aproximadamente un mes. Esto significa que hay que dar lo máximo de uno mismo en estos momentos, ya que si se ha pasado eficazmente el primer semestre, seguro que se podrá afrontar el segundo; solo hace falta fuerza y  confianza en uno mismo. Estos son los ingredientes principales que tiene que tener cada persona a la hora de vivir la vida porque si falta alguno de estos dos, uno no puede hacer frente a los obstáculos que nos vamos encontrando por el camino. Espero finalizar bien el curso puesto que yo estoy segura de que me estoy esforzando mucho y estoy dando todo lo que puedo y más.
El tiempo pasa deprisa y muchas veces sin darnos cuenta. Pronto se terminará el curso y parece que fue ayer cuando lo empezamos. Por esta razón, hay que vivir día a día y aprovechar cada uno de esos pequeños momentos que nos regala la vida, en compañía de nuestros seres queridos.
Los días siguientes a este, todo fue sobre ruedas; ya me había instalado y ya me había hecho a  la universidad. Nos fueron presentando las  asignaturas, los profesores que impartían cada una y también cómo iban a ser las evaluaciones (trabajos, contenidos, puntos de clase,…). Al estar dividido el curso en dos semestres, íbamos a tener diferentes asignaturas y profesores en cada semestre. El primer semestre iba de septiembre a diciembre y el segundo de enero a mayo. Tenía una buena visión sobre lo que estaba viviendo hasta el momento. Todo lo que veía me gustaba. Creía que había hecho una buena elección escogiendo magisterio.
Nuestra clase era gigante y con un montón de asientos para todos los que íbamos a hacer la misma carrera. En la clase estábamos mezclados los de magisterio infantil, primaria y pedagogía, ya que este al ser el primer año, tenemos casi todas las asignaturas comunes. Tendremos que esperar hasta el año que viene a que nos separen según los grados.
Yo estaba muy a gusto en clase, siempre solíamos estar las mismas chicas juntas y estábamos empezando a  “hacer buenas migas”. Nos solíamos sentar en la segunda fila; ya teníamos casi todos los sitios “guardados” porque sabíamos dónde se sentaba cada uno y procurábamos respetar los sitios. Éramos “las chicas de la segunda fila”.
Enseguida tuvimos que empezar a hacer trabajos y algún examen. Veía que en la universidad hay mucha exigencia y que hay que ir haciendo los trabajos y las tareas al día y entregarlas en el plazo que se piden para intentar conseguir la máxima puntuación en los puntos de clase, ya que suponen un 40% de la nota final. Teniendo los puntos de clase bien, y habiendo aprobado el examen (60%), el resultado final será mejor. Yo he sido siempre una chica muy aplicada y los trabajos y las tareas de clase los hacía para el día que me las mandaban,  así que en la universidad esto no me supuso ningún problema.
El final del primer semestre llegaba a su fin y esto significaba la hora de hacer los exámenes finales. Los realizamos a lo largo de tres semanas de diciembre y una vez finalizados tuvimos las vacaciones de navidad. Las notas nos las pusieron en nuestra cuenta de la universidad el primer día de iniciar las vacaciones. Yo estaba intrigada por saber los resultados de los exámenes. Tras haber entrado en mi cuenta y haber visto las calificaciones, mis ojos se abrieron como platos. No podía creer lo que estaba viendo… ¡había aprobado todas!

miércoles, 14 de marzo de 2012

Primer año de universidad

                Después de un verano intenso y repleto de vivencias nuevas, el 1 de septiembre comencé mi primer año en la Universidad de Navarra. Me asustaba la idea de ir allá ya que, como he dicho antes, es una etapa completamente nueva y desconocida; no conoces a nadie, el ambiente es muy distinto al del colegio, la exigencia es mayor, etc.
                Cuando fui a dar los datos personales a la universidad me dijeron que el primer día tenía que ir al edificio de ciencias sociales. Al llegar allí, vi que todo el campus era enorme y con una gran cantidad de edificios. Tuve que preguntar a algunos bedeles dónde se encontraba mi edificio y estos, muy amablemente, me indicaron hacia donde tenía que ir. Me dirigí hacia allí y me detuve ante un edificio que ponía “Fcom”. En un cartel ponía que ese era la facultad de comunicación, y pensé que no era la mía porque yo iba a estudiar ¡magisterio! Estaba completamente desorientada asique decidí preguntar de nuevo a una mujer, con pinta de profesora, que pasaba por allí. Me dijo que no había un edificio específico de ciencias sociales y me preguntó que carrera iba a estudiar. –Magisterio- le dije. Ella, con una sonrisa, me dijo que, tenía que ir a la facultad que tenía justo delante (la de fcom).
                Yo estaba en lo cierto. Según me habían indicado, estaba en el lugar correcto. En la puerta de dicha facultad, estaban algunos universitarios aún un poco despistados y desconcertados sobre lo que les iba a deparar. Estaba cada uno un tanto pensativo, encerrado en sí mismo, sin entablar conversación con los demás. Yo decidí hablar con una chica llamada Maite, con el fin de conocerla, ya que al igual que yo, estaba esperando a entrar en la misma facultad y pensé que iba a estudiar algo parecido a lo mío. No iba del todo desencaminada. ¡Iba a estudiar magisterio de educación infantil como yo! Estaba contenta. Ya había encontrado una chica que estudiase lo mismo. Parecía maja y simpática, por lo que seguimos hablando y entramos juntas a clase. Nos contamos un montón de cosas y en seguida empezamos a conocer a otras chicas de clase.
                Ese mismo día, la profesora de antropología y coordinadora de educación Aurora Bernal, dividió la clase en distintos grupos de 5 personas para hacer un trabajo. Estaba muy contenta con el grupo que me había tocado. Éramos todas chicas, nos entendíamos bien y congeniamos perfectamente. Gracias a ese trabajo, nos conocimos un poco mejor y actualmente  4 chicas de ese grupo (Noelia, Bianca, Pilar y Bea) y junto a tres chicas más (Olaia, Maite y María) hemos formado un grupo de amigas que espero que dure muchos años más.  (...)

sábado, 10 de marzo de 2012

Universidad

Antes de terminar bachiller, me tuve que informar sobre lo que podía hacer en el futuro. Mi tutora me ayudó mucho en este aspecto y me aportó alguna información sobre grados superiores en Navarra y de las distintas universidades. Todo lo que me contaba acerca de mi futuro académico era relacionado con el magisterio, ya que era lo que siempre me había gustado estudiar.
Con toda la información que me aportó la profesora, decidí hacer la preinscripción de un grado superior de educación infantil y también hice el previo de la Universidad de Navarra. Yo lo que quería era ir a la universidad pero me apunté al grado por si acaso no me cogían en la universidad. Después de una larga espera confiando en que me cogieran en la universidad me llamaron de esta diciéndome que me habían aceptado y que podía acudir a entregar mis datos para que ya figurasen allí. Estaba muy contenta porque era lo que siempre había querido hacer: ir  a la universidad y estudiar magisterio. No me lo esperaba para nada y después de todo el esfuerzo que había hecho por fin se vio recompensado. Al saber que iría a la universidad al siguiente año, tuve que anular la inscripción en el grado de educación infantil.
Sabía que el ir a la universidad no es tarea fácil y que supone una gran constancia y esfuerzo pero yo estaba segura de la decisión que había tomado. Mis padres y toda mi familia estaban muy orgullosos de mí porque ya había terminado el período escolar con éxito e iba a comenzar una etapa completamente nueva que abarcaría cuatro años intensos en la universidad. Ellos veían que cada vez su “niñita” se hacía cada vez más mayor y que después de haber pasado muchos años junto a ellos, les enternecía verme madurar tan rápido.           

viernes, 9 de marzo de 2012

Selectividad (2)

               Una vez concluido el período de bachiller, tuve que hacer el examen de selectividad. Era un examen que se hacía a todos los alumnos que habían aprobado el bachillerato, para acceder a la universidad. Solo me quedaba un paso para poder ir a la universidad y poder estudiar aquello que más me gustaba: magisterio.
                Por fin llegó el día del examen. Todos estábamos muy nerviosos y expectantes de lo que nos iban a preguntar en la prueba. Cada alumno que veía se aventuraba en las posibles cuestiones que podrían tocar en el examen: “yo creo que va a caer esto”, “que pongan a Platón por favor”. Yo reía para mis adentros pensando en que, aquello que decían era fácil y no lo pondrían seguro. Teníamos que presentarnos a una serie de pruebas para diferentes materias: lengua y literatura, idioma, filosofía o historia, economía o geografía, matemáticas,…
                El examen se realizaba en la UPNA (Universidad Pública de Navarra). Al llegar allí, había unas listas en la puerta de cada clase, que servían para dividirnos según el itinerario y el apellido. Cuando nos encontrábamos en las listas, nos poníamos en frente del aula esperando a que nos llamasen para entrar e iniciar el examen. Una vez que nos llamaban, entrábamos y esperábamos sentados a que entrasen todos a hacer el examen. Cuando entraron todos, nos daban el permiso para comenzar el examen. Horas antes de iniciar el examen estaba nerviosa pero al comenzar el examen y ver que lo
que en él se preguntaba me lo sabía, los nervios desaparecieron.
                Después de haber estado casi una semana haciendo los exámenes, al fin acabamos. Posteriormente venía la intriga saber si habíamos aprobado o no. Tuvimos que esperar unos días a que nos dijeran los resultados de la prueba. Finalmente, nos dieron el boletín con las notas… ¡había aprobado! No me lo creía. Después de haber hecho tanto esfuerzo para aprender todos los conocimientos que se nos pedía, al final obtuve el resultado que esperaba.
                Con todo esto aprendí que el esfuerzo que uno hace para conseguir algo, al final merece la pena ya que siempre se recompensa a aquellos que de verdad quieren conseguirlo.